Tras años de investigación en Estética, la Doctora y profesora de la Universidad de Navarra, Raquel Cascales, presenta su nuevo libro Habitar el mundo Una invitación a la estética de lo cotidiano con el que nos acerca al pensamiento de la filósofa japonesa Yuriko Saito. Lejos de centrarse en el arte extraordinario, propone una mirada atenta a lo cotidiano: los gestos, los objetos y las decisiones diarias como lugares donde se juega también la belleza… y la ética. Una invitación a recorrer un “libro-vivienda” que nos enseña a vivir con mayor conciencia, cuidado y responsabilidad.
Como profesora de la asignatura “Claves de la cultura contemporánea” del PBH del CEICID, hemos tenido la oportunidad de conversar con ella.
— ¿La sensibilidad estética se aprende o depende del talento?
— La estética de lo cotidiano reivindica el papel activo de todas las personas. Esto nos lleva a la importancia de una educación estética, pero no entendida solo como formación artística elitista. Más bien se trata de una “alfabetización estética”: aprender a reconocer cómo nuestras acciones influyen en nosotros y en el mundo. No es para disfrutar más individualmente, sino para embellecer la vida común y hacerla más habitable.
— ¿Por qué es rompedor aplicar el concepto de “world-maker” a tareas domésticas?
— Porque rompe con la idea de que solo ciertas profesiones “configuran el mundo”. Hemos valorado más lo extraordinario y visible, como construir un edificio, y menos las tareas repetitivas o invisibles. Sin embargo, desde la estética de lo cotidiano, limpiar, cuidar o mantener son acciones igual de importantes. Han sido devaluadas, pero esta mirada permite reconocer su papel esencial en la configuración de la vida.
— Hablas de Mierle Laderman Ukeles y la unión entre arte y cuidado. ¿Sigue existiendo esa dicotomía?
— En el siglo XX muchos artistas intentaron romper la división entre arte y vida, pero Ukeles lo hace de forma radical: integra su vida cotidiana y su trabajo artístico. Sus obras, como agradecer personalmente a los trabajadores de limpieza de Nueva York, reivindican el cuidado y el mantenimiento. Esa dicotomía sigue existiendo, pero figuras como ella nos ayudan a replantearla.
La tecnología puede sustituir tareas, pero nunca la dimensión relacional que supone el cuidado
— ¿Qué profesiones pueden mejorar con esta mirada?
— Todas. Toda profesión está orientada a alguien, aunque no lo veamos directamente. Incluso fabricar un tornillo tiene impacto en una persona final. Especialmente en profesiones de servicio, donde el cuidado es esencial. La tecnología puede sustituir tareas, pero nunca la dimensión relacional que supone el cuidado.
— ¿Qué aporta Yuriko Saito con su “Estética del cuidado”?
— Aporta algo clave: integrar estética y ética. Mientras que la estética ha atendido a lo moral, la ética ha olvidado muchas veces la dimensión estética. Saiko muestra que el “cómo” hacemos las cosas tiene un valor fundamental. La verdadera estética no es superficial: está cargada de sentido moral porque implica cuidado hacia personas, objetos y espacios.

— ¿Qué propone la economía de la hospitalidad?
— Frente a una lógica centrada en “lo que me renta”, propone recuperar la gratuidad. Entender que el cliente o usuario es una persona y que el servicio implica un “darse”. No es trabajar más, sino trabajar con otra actitud. Ese exceso —ese cuidado— transforma a quien lo recibe y muestra que otra forma de vivir es posible.
— ¿Por qué es relevante el Diseño de Servicios?
— Porque permite hacer visible lo invisible: la experiencia del usuario. No se trata solo de que algo sea bonito, sino de que funcione bien y suponga una experiencia amable. Integra organización, experiencia y dimensión estética, mejorando la vida de las personas en esos servicios.
Más información:
Habitar el mundo Una invitación a la estética de lo cotidiano
